viernes, 4 de marzo de 2011

Realidad Lego®


Pinto sobre lienzos escritos con fibras. Pinto para borrar historias, o más bien para renovarlas. Salgo de casa temprano, siete y cuarto para ser preciso. Llego a destino donde todo está armado con ladrillitos de lego. Todos sonríen, nadie critica. Me siento en el fondo de la sala para poder ver todos los movimientos, todas las actitudes. Saco el teléfono detrás del banco, veo la hora, siete cuarenta y cinco, hora de empezar. Empiezan a construir más edificios de lego en mi cabeza, el desayuno larga vapor de ladrillitos, todo es muy raro en este lugar, pero poco a poco nos acostumbramos.
A la tarde vuelvo a casa, en el viaje la realidad se empieza a desdibujar, el subte ya es de madera y viejo, más bien antiguo, para ser específico de 1913, que culto ¿no? No. Llego al mismo lugar del que partí seis horas antes, dejo la mochila de tela en la cama de metal, me saco las zapatillas de cuero gastado –amo andar descalzo-.  Veo que voy a comer, todo tiene texturas distintas, las responsabilidades pierden protagonismo la siesta llama al descanso.
Despierto y camino rápido al balcón veo el cielo, imagino formas pero no hay nubes. Voy a la cocina preparo el primer mate del día, prendo la computadora y todo poco a poco se vuelve cuadrado, más bien pixelado, el trabajo no me sale, veo todos ladrillos de lego en la pared, la computadora, el ambiente. Mi casa está siendo tomada por ese material. Corro para que no me atrape, llego a la calle, el ruido, la gente… todos playmobliles.

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